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Cultura

El Puerto, cuna del cante: herencia flamenca de una ciudad que suena distinto

  • 22 de marzo de 2026
  • 8 min lectura
  • Rocío Heredia
El Puerto, cuna del cante: herencia flamenca de una ciudad que suena distinto
Reportaje · Rocío Heredia Generado por IA ↗
8 min · 22 de marzo de 2026

El Puerto, cuna del cante: herencia flamenca de una ciudad que suena distinto

En los bodegones de la Plaza de Toros de El Puerto de Santa María hay un momento que no se ensaya. Ocurre justo antes de que el cantaor abra la boca. Las sillas crujen una última vez, alguien apura el último trago de manzanilla, el guitarrista posa la mano sobre las cuerdas sin tocarlas todavía. Entonces se instala un silencio particular, más denso que la oscuridad del bodegón, un silencio que cuarenta personas producen sin ponerse de acuerdo. Y cuando la primera nota sale, nadie necesita que le expliquen qué es el flamenco. Eso que acaba de pasar entre el silencio y la voz es exactamente lo que El Puerto lleva produciendo desde hace más de un siglo.

Un vértice del triángulo

El Puerto de Santa María forma, junto con Jerez de la Frontera y Cádiz, lo que la historiografía flamenca llama el triángulo del flamenco: tres ciudades separadas por pocos kilómetros de salinas y viñedos que entre los siglos XVIII y XIX concentraron una densidad de cante, toque y baile sin equivalente en la península. No es un concepto turístico. Es una realidad geográfica y cultural documentada.

Jerez tuvo las academias y los grandes teatros. Cádiz, los patios y la fiesta. El Puerto aportó algo distinto: la intimidad. Aquí el flamenco se forjó en espacios reducidos, en puertos de carga, en tabernas junto al Guadalete, en salas donde la voz del cantaor llegaba directa porque no había distancia física entre quien cantaba y quien escuchaba. Esa cercanía no era accidental. Era consecuencia de una ciudad portuaria donde las tradiciones orales de la comunidad romaní, la herencia sefardí y los ecos de la cultura morisca se mezclaron en espacios de trabajo y convivencia.

Raíces que bajan hasta el siglo XIX

El nombre que abre la genealogía flamenca portuense es Tomás El Nitri, uno de los cantaores más respetados del siglo XIX y figura fundacional del cante de El Puerto y de la Bahía de Cádiz. No tenemos fechas exactas de su vida, porque la documentación del flamenco decimonónico es, como tantas cosas del cante, más oral que escrita. Lo que sí se sabe es que El Nitri se vincula con los estilos más hondos de la tradición: los palos donde la voz baja hasta donde no llega la letra y tiene que compensar lo que las palabras no pueden decir.

Que una tertulia flamenca activa en El Puerto lleve hoy su nombre no es homenaje decorativo. Es filiación directa. La Tertulia Flamenca Tomás el Nitri, en la calle Misericordia, sigue dedicada al análisis y la práctica del cante jondo como si el siglo XIX no hubiera terminado del todo.

La tradición guitarrística del flamenco de la Bahía tiene en El Puerto un vértice propio, reconocido hoy en la Peña Paco Cepero, que lleva el nombre del guitarrista jerezano que acompañó a Camarón de la Isla y profundizó en el flamenco desde el instrumento durante la segunda mitad del siglo XX.

Las voces que sostienen la cadena

Si hay una artista que encarna la continuidad del flamenco portuense, esa es Aroa Cala. Nacida en El Puerto en 1979, hija de El Cala y hermana de la cantaora Nazaret Cala, Aroa empezó a cantar con doce años en la Peña Flamenca El Chumi. Eso fue hacia 1991. Que una niña de familia flamenca eligiera El Chumi para sus primeras noches de cante dice todo sobre el peso de esa peña en la cultura de la ciudad: las familias con tradición no mandan a sus hijos a cualquier sitio.

De El Chumi pasó a la Fundación Cristina Heeren de Sevilla, donde estudió dos años. De ahí, al circuito profesional. Sus referentes son Antonio Mairena, Manuel Torre, Tomás Pavón, La Paquera de Jerez: voces que priorizaban la hondura sobre la técnica. Ha ganado todos los concursos de saetas de Andalucía en los que ha participado, publicó Mi Saeta en 2009 y estrenó Las Pasiones de Cristo en 2021.

Pero lo que la sitúa en el centro de la herencia flamenca portuense no es su carrera escénica, sino lo que hace fuera de ella. Aroa dirige la Escuela de Saetas de El Puerto, un programa gratuito que enseña el cante sagrado en cuatro estilos (saeta antigua, seguiriya, martinete y saeta flamenca) a cualquier persona dispuesta a aprender. Sus alumnos terminan cantando en las estaciones de penitencia durante la Semana Santa. La transmisión, que es lo que de verdad sostiene una tradición, ocurre ahí.

No está sola. Miguel Ramos pone la guitarra en los recitales de la peña con el oficio de quien lleva años siendo interlocutor del cante, no mero acompañante. Ali de la Tota mantiene el compás desde las palmas con una presencia que le ha valido aparecer con nombre propio en los carteles. Desde la otra orilla de la Bahía, artistas como Caracolillo de Cádiz cruzan para cantar en las tertulias portuenses con un cante limpio heredado de Chano Lobato y Pericón de Cádiz. La escena es pequeña, pero es real y funciona.

Las peñas: donde la herencia respira

El Puerto mantiene cuatro peñas flamencas activas. En una ciudad de ochenta mil habitantes, eso es un acto de resistencia cultural.

La Peña Flamenca Al Alma, en los bodegones de la Plaza de Toros, es la más accesible para quien llega de fuera: recitales regulares, precios de entre 4 y 6 euros, y una presencia en Facebook que permite seguir la programación. La Tertulia Flamenca Tomás el Nitri, en la calle Misericordia, pone el acento en el análisis del cante y la conversación entre generaciones. La Peña El Chumi es la más antigua y la más rigurosa en su defensa del cante jondo; no tiene dirección pública ni presencia digital, y llegar a ella pasa por conocer a los que ya están dentro. La Peña Paco Cepero mantiene la herencia instrumental del triángulo guitarrístico.

Ninguna funciona como un tablao. No hay escenario elevado, no hay menú turístico, no hay cena maridaje. Hay sillas, hay paredes encaladas, hay una puerta que se cierra cuando empieza el cante y un público que sabe cuándo jalear y cuándo callarse.

La escena hoy: un flamenco que no se detiene

El calendario flamenco de El Puerto sigue el ritmo de la ciudad. Antes de Semana Santa, las peñas celebran exaltaciones a la saeta donde los cantaores preparan la voz para la calle. Los alumnos de la Escuela de Saetas de Aroa Cala ensayan para cantar en las procesiones de las cofradías. En Navidad, las zambombas llenan los bodegones de bulerías festeras y villancicos por tangos. Durante el resto del año, los recitales se anuncian con semanas de antelación, se corre la voz, y el que llega, llega.

Esa espontaneidad no es desorganización: es la forma natural en que el flamenco de peña ha funcionado siempre. El cante no se programa con meses de antelación porque no necesita marquesina. Necesita una sala, un guitarrista, un cantaor y gente dispuesta a escuchar.

Información práctica

Peña Flamenca Al Alma Bodegones 16 y 17, Plaza de Toros de El Puerto de Santa María. Precio habitual: 4-6 € por recital. Efectivo recomendado. Teléfono: 676 522 670 / 603 672 667. Seguimiento: Facebook (“Peña Flamenca Al Alma”). Los anuncios se publican con 2-4 semanas de antelación.

Tertulia Flamenca Tomás el Nitri Calle Misericordia, El Puerto de Santa María. Contacto: preguntar en la Peña Al Alma por fechas y acceso.

Peña Flamenca El Chumi Dirección no pública. Acceso por contacto personal a través de la red de aficionados.

Concejalía de Cultura del Ayuntamiento Teléfono: 956 483 730. Email: cultura@elpuertodesantamaria.es

Semana Santa 2026: 29 de marzo - 5 de abril. Las saetas se escuchan en los recorridos procesionales por Calle Larga, Plaza de España, Calle Nevería y Calle Luna. Las exaltaciones a la saeta en peñas se celebran en las semanas previas.

Etiqueta en las peñas: Silencio absoluto durante el cante. Jaleo (“olé”, palmas) cuando el momento lo pide. No grabar sin permiso del artista. Llegar con 15-20 minutos de antelación.

Lo que viene

Cuando en un bodegón de la Plaza de Toros una niña de doce años canta su primera soleá delante de cuarenta personas que la escuchan como si la vida les fuera en ello, algo del siglo XIX sigue pasando en el siglo XXI. La cadena no se ha roto. Tomás El Nitri cantó en esta ciudad. Aroa Cala canta en esta ciudad. Los alumnos de su escuela cantarán en las procesiones de esta Semana Santa.

El Puerto no exhibe su herencia flamenca. La vive. Y mientras haya un bodegón abierto, una guitarra afinada y alguien dispuesto a escuchar en silencio, el cante seguirá saliendo.

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