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Hay un momento en Semana Santa en que el ruido se apaga de golpe. La banda deja de sonar, los costaleros frenan el paso y una voz sola se levanta desde un balcón o desde el filo de la acera. Es la saeta, ese cante que no se dirige a quien escucha sino a quien va en el paso. Y en El Puerto de Santa María, donde la Semana Santa se vive con una mezcla de devoción y flamenco que no se entiende por separado, la saeta es mucho más que una tradición: es un lenguaje que se transmite de garganta en garganta.
Ahora, la cantaora Aroa Cala quiere que ese lenguaje no se pierda. Su Escuela de Saetas abre inscripciones gratuitas para todas las personas que quieran aprender este arte desde cero o afinar lo que ya llevan dentro.
Aroa Cala no viene del conservatorio ni del tablao de franquicia. Es una saetaera forjada en las calles de El Puerto, en esas madrugadas donde el quejío nace del estómago y sube sin pedir permiso. Conocedora de los distintos estilos de saeta — por seguiriya, por martinete, la saeta antigua y la flamenca — Aroa lleva años dedicada no solo a cantar sino a enseñar, convencida de que la saeta morirá si se queda solo en manos de unos pocos.
Su trabajo como docente ya ha dado frutos en ediciones anteriores, con alumnos que han terminado cantando en las estaciones de penitencia portuenses. Gente que llegó sin saber qué era un tercio y acabó parando un paso en la calle Larga.
Esto no es un cursillo de fin de semana. La escuela de Aroa Cala aborda la saeta como lo que es: un cante con sus reglas, su historia y su hondura. Entre los contenidos que se trabajan:
En El Puerto, las cofradías salen con el peso de siglos a cuestas. Pero cada año hay menos saetaeros en las esquinas. Las voces veteranas van faltando y no siempre hay quien tome el relevo. La Escuela de Saetas nace de esa urgencia callada: si nadie enseña, nadie aprende; si nadie aprende, un día el paso pasará en silencio.
Lo notable de esta iniciativa es que las inscripciones son completamente gratuitas. No hay excusa económica que valga. Aroa Cala y quienes respaldan este proyecto han querido eliminar cualquier barrera para que el único requisito sea las ganas de aprender.
Para inscribirse, se recomienda seguir las redes sociales de Aroa Cala y los canales de las peñas flamencas portuenses, donde se publican las fechas y formularios de inscripción.
Imagina una noche de Miércoles Santo. La calle está en penumbra, el olor a cera y azahar lo llena todo. El paso de un Cristo se detiene y desde algún lugar suena una voz que no canta para el público, sino para el madero. Eso no se ensaya en un aula, pero en un aula se aprenden las herramientas para que, cuando llegue ese momento, la voz no falle. Eso es lo que ofrece Aroa Cala: no el duende — que ese viene cuando quiere — sino el camino para estar preparado cuando aparezca.
El Puerto no puede permitirse perder sus saetas. Y ahora, gracias a esta escuela, no tiene por qué hacerlo.
"Licenciado en Historia del Arte y melómano empedernido, Álvaro escribe sobre todo lo que se mueve en la escena cultural portuense. Exposiciones, teatro, conciertos, literatura... si tiene que ver con cultura en El Puerto, Álvaro lo ha visto primero."
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