Las ortiguillas fritas: el manjar gaditano que casi nadie...
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Hay platos que son más que comida. Son historia, territorio y orgullo concentrados en un solo bocado. La urta a la roteña es exactamente eso: el plato que mejor resume lo que somos en esta esquina del sur. Un pescado noble, una preparación que respeta la materia prima y un resultado que te deja sin palabras. Si vienes a El Puerto de Santa María y no la pruebas, pisha, es como ir a Sevilla y no cruzar el puente de Triana.
La urta (Pagrus auriga) es un espárido que habita las aguas del golfo de Cádiz, un pez de carne firme, blanca y con un sabor delicado que no necesita artificios. Los pescadores de la zona la conocen bien: aparece sobre todo en los meses de verano y otoño, cuando las aguas están más templadas y la urta se acerca a la costa para desovar.
No es un pescado cualquiera. Su captura siempre ha sido considerada algo especial entre los marineros de la Bahía. Cuando entraba una buena urta en la lonja, se sabía que ese día había sido un buen día de mar. Y no es para menos: estamos hablando de ejemplares que pueden superar los tres o cuatro kilos, con una carne que se deshace en láminas perfectas.
La urta a la roteña nace en Rota, el pueblo vecino de El Puerto, pero hace tiempo que es patrimonio compartido de toda la Bahía. La gracia de esta receta es que parece fácil, y lo es, pero tiene sus secretos. Como todo en la cocina gaditana: pocas cosas, bien hechas.
La base es un sofrito de cebolla, tomate maduro, pimiento y ajo, cocinado a fuego lento hasta que todo se funde en una salsa con cuerpo. Se le añade un buen chorro de vino fino de Jerez —y aquí no valen atajos, tiene que ser fino de verdad— y se deja reducir. La urta entra entera o en rodajas, según el tamaño y la tradición de cada casa, y se hornea con la salsa, a veces con unas patatas cortadas finas en la base que absorben todo ese jugo.
El horno hace el resto. Entre 180 y 200 grados, unos 25-30 minutos dependiendo del tamaño del bicho. El punto exacto es cuando la carne se separa de la espina con solo mirarla y la salsa ha reducido hasta convertirse en algo que querrías comer con cuchara.
Aunque se llama “a la roteña”, este plato es en realidad hijo de toda la Bahía de Cádiz. La receta se consolidó probablemente en el siglo XIX, cuando los pueblos costeros de la zona —Rota, El Puerto, Sanlúcar, Chipiona— compartían no solo las aguas de pesca sino también las maneras de cocinar lo que el mar daba.
La urta a la roteña es prima hermana de otras preparaciones mediterráneas de pescado al horno con verduras, pero lo que la hace única es ese toque de vino fino que le da una profundidad difícil de replicar en otro sitio. El vino del Marco de Jerez no es un ingrediente más: es el que transforma una receta de pescado al horno en algo verdaderamente especial.
En las casas de El Puerto, cada familia tiene su versión. Hay quien le pone un poco de pimentón, quien añade unas aceitunas, quien jura que el secreto está en poner las patatas debajo o encima. Son esas discusiones de sobremesa que demuestran que un plato está vivo.
La buena noticia es que en El Puerto de Santa María la urta a la roteña es un clásico que encontrarás en muchos restaurantes, especialmente los que trabajan con producto de la lonja local. No es un plato raro ni de carta secreta: es un orgullo local que los cocineros disfrutan preparando.
Ribera del Marisco: La zona más conocida para comer pescado y marisco en El Puerto. Los establecimientos de la Ribera trabajan con producto fresco y la urta suele aparecer en carta cuando hay buena pieza en la lonja. Pide que te digan si es del día.
Bajo de Guía y la zona del río: La desembocadura del Guadalete siempre ha sido territorio de buena mesa marinera. Los restaurantes de esta zona tienen tradición de cocina gaditana clásica.
Centro histórico: En las calles del casco antiguo hay restaurantes con décadas de historia que preparan la urta como se ha hecho siempre. Pregunta por el plato del día o por las sugerencias de pescado fresco.
Lo más importante: pregunta si la urta es fresca y del día. Un buen restaurante te lo dirá con orgullo. Si te dicen que “hoy no hay urta pero tenemos pargo”, respeta eso. Significa que trabajan con producto real, no con lo que el congelador les permita.
La urta a la roteña no es un plato barato, porque la urta es un pescado valorado. Pero tampoco es un lujo inalcanzable. En los restaurantes de El Puerto encontrarás precios razonables para la calidad del producto. Lo habitual es que se sirva por peso o por ración, así que no dudes en preguntar antes de pedir.
Si hay un plato que exige un vino fino al lado, es este. La urta a la roteña y un fino bien fresquito forman una de las parejas gastronómicas más perfectas que conozco.
Lo que te pido es que no la acompañes con un refresco o una cerveza. Puedes hacerlo, claro, pero estarás dejando pasar una de las grandes experiencias gastronómicas de la Bahía. El fino con urta es como el flamenco con palmas: funciona solo, pero junto es otra cosa.
Te voy a contar algo que los portuenses sabemos bien: la urta a la roteña de casa siempre es la mejor. Si tienes la oportunidad de comprar una urta fresca en la plaza de abastos de El Puerto —uno de los mercados con más solera de la provincia— y prepararla tú mismo, hazlo. La receta es agradecida, el horno hace casi todo el trabajo, y el resultado te va a flipar.
Y si la compras en la plaza, un consejo: habla con el pescadero. Dile que es para hacer urta a la roteña y te aconsejará el tamaño perfecto, te la limpiará y probablemente te dé su propia versión de la receta. Eso, pisha, no lo encontrarás en ninguna guía de viajes.
"Nacido y criado en El Puerto, Pepe lleva toda la vida entre fogones y bodegas. Conoce cada rincón donde se fríe el mejor pescaíto y cada solera que merece la pena visitar. Sus recomendaciones vienen de años de tertulias, tapeos y amistades con cocineros de la zona."
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