Las ortiguillas fritas: el manjar gaditano que casi nadie...
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Que te cuenten eso de que comer bien en El Puerto es caro. A mí, pisha, que me lo cuenten con gracia, porque no me lo creo. En el centro histórico de esta ciudad hay bares donde por menos de tres euros te ponen una tapa que te cambia la tarde. Sin moderneces, sin platos de diseño, sin carta en inglés. Solo barra, tapa y fino. Como debe ser.
Antes de nada, vamos a situarnos. En El Puerto, el tapeo no es un capricho: es una forma de vida. Los bares del centro llevan generaciones sirviendo lo mismo porque lo mismo funciona. Aquí una tapa no es un adorno en un plato gigante — es una ración en miniatura con toda la dignidad de un plato completo. Papas aliñás, chicharrones, cazón en adobo, ensaladilla rusa, chocos fritos… todo en formato tapa y todo por debajo de los tres euros en la mayoría de bares del casco antiguo.
Lo que diferencia a El Puerto de otras ciudades es que aquí la tapa todavía es generosa. No te van a poner tres aceitunitas en un platillo y te cobran 2,80€. No. Aquí te ponen una tapa de verdad, con su sustancia, y te da rabia no haber pedido dos.
Esta es la milla de oro del tapeo económico. La calle Misericordia y sus calles adyacentes concentran una densidad de bares de toda la vida que es difícil de igualar en toda la bahía.
El ambiente es de barrio puro: parroquianos en la barra, camarero que te conoce, tele puesta en el partido. Y en esa barra, tapas que rondan los 2-2,50€. Pide unas papas aliñás — esas patatas cocidas con cebolla, perejil, aceite de oliva y un chorreón de vinagre — y me cuentas si hay algo más honesto en la gastronomía gaditana.
Los chicharrones prensados son otro clásico de esta zona. Cortaditos finos, a temperatura ambiente, con su pan. Por un euro y pico tienes un aperitivo que sabe a pueblo, a tradición, a lo que comía tu abuelo sin darle importancia.
La Plaza de España es el corazón del centro, y en sus calles aledañas hay tabernas con carta de tapas donde prácticamente todo entra en presupuesto. Aquí la competencia es sana: los bares se pelean por ofrecer la mejor relación calidad-precio porque el portuense no es tonto y se cambia de bar sin remordimiento.
Las tapas estrella de esta zona:
Lo bonito es que no hace falta ninguna guía para encontrar estos sitios. Paseas por el centro, ves una barra con gente y entras. Así funciona El Puerto.
La zona de la Ribera del Marisco es famosa por sus marisquerías, pero lo que no todo el mundo sabe es que en las calles de atrás — antes de llegar al paseo junto al Guadalete — hay bares más modestos donde el tapeo sigue siendo baratísimo.
Aquí la gracia está en combinar: empiezas con unas tapas económicas en un bar de la zona para asentar el estómago, y luego decides si te acercas a la Ribera a por el marisco o si te quedas donde estás. Muchos portuenses hacen exactamente eso: una ronda de tapas primero, y si el cuerpo pide más, entonces ya se va a por los langostinos.
Las tapas frías — aliños, ensaladillas, melva con tomate — son las campeonas del precio. Y un montadito de pringa, ese guiso concentrado de puchero untado en pan, es una de las cosas más baratas y más sabrosas que puedes pedir en un bar de El Puerto.
Esto es importante, quillo. No me pidas un gin-tonic con la tapa de papas aliñás. Por favor.
Un fino de la zona — Osborne o Gutiérrez Colosía, por ejemplo — es lo que toca. La copa de fino en el centro ronda los 1,50-2€, lo que hace que una tapa más un fino te salga por menos de cinco euros. Eso es una merienda de categoría por el precio de un café con tostada en Madrid.
Si no eres de fino, una cervecita de barril sale por 1,20-1,80€. Y una manzanilla, si la tienen, es otro acierto con las tapas frías.
Te voy a dar el truco definitivo para comer bien y barato en el centro: haz lo que hacen los jubilados portuenses. Sobre las doce y media, cuando los bares acaban de abrir, pilla sitio en la barra y pide un fino con dos tapas. Los aliños están recién hechos, el aceite de freír está limpio, y el camarero tiene tiempo de atenderte como se merece.
Por cinco o seis euros has comido, has bebido, has charlado con el de al lado y te has enterado de todas las noticias del barrio. Eso en cualquier otra ciudad no existe. Aquí es un martes cualquiera.
Y otro consejo que vale oro: si ves una pizarra escrita a mano con las tapas del día, entra. Los bares que cambian la pizarra a diario son los que compran género fresco cada mañana. Esos son los buenos.
Venga, pisha, que con tres euros y ganas no se pasa hambre en El Puerto. Eso te lo garantizo.
"Nacido y criado en El Puerto, Pepe lleva toda la vida entre fogones y bodegas. Conoce cada rincón donde se fríe el mejor pescaíto y cada solera que merece la pena visitar. Sus recomendaciones vienen de años de tertulias, tapeos y amistades con cocineros de la zona."
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