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Semana Santa en El Puerto: procesiones, hermandades y la semana grande de la Bahía

20 de febrero de 2026
8 min de lectura
Semana Santa en El Puerto: procesiones, hermandades y la semana grande de la Bahía

Semana Santa en El Puerto: procesiones, hermandades y la semana grande de la Bahía

Cada primavera, mientras Sevilla acapara los focos de la Semana Santa andaluza, algo más silencioso y más auténtico ocurre a orillas del Guadalete. El Puerto de Santa María celebra su Semana Mayor con once hermandades, un casco histórico compacto donde cada esquina es un palco natural, y un ingrediente que ninguna otra ciudad puede replicar: el aroma de las bodegas centenarias mezclándose con el incienso de los pasos.

La Bahía de Cádiz tiene una tradición cofrade que a menudo queda en segundo plano frente a la capital andaluza. Pero las ciudades del arco de la bahía — Cádiz, San Fernando, Chiclana, Puerto Real, El Puerto — viven la Semana Mayor con una intensidad propia, marcada por la luz atlántica, los vientos de poniente y una religiosidad que se funde con lo flamenco sin pedir permiso. Dentro de ese arco, El Puerto ocupa un lugar especial: su casco histórico conserva la escala humana que permite vivir la procesión a un metro de distancia del paso.

Si estás planificando tu Semana Santa 2026 en la Bahía de Cádiz, esta guía te ayuda a vivirla desde dentro.

Once hermandades, un centro histórico

El Puerto cuenta con diez cofradías de penitencia y una cofradía de gloria, organizadas bajo el Consejo Local de Hermandades y Cofradías. Es una cifra que permite algo imposible en ciudades más grandes: ver prácticamente todas las procesiones sin necesidad de coche, autobús ni planificación militar.

El recorrido procesional se concentra en el casco antiguo. Las salidas parten de la Iglesia Mayor Prioral y recorren un circuito que incluye Calle Larga — el eje principal, el lugar donde el portuense se planta y no se mueve —, Plaza de España, Plaza de las Galeras y las calles adyacentes. Algunas procesiones nocturnas cruzan el puente sobre el Guadalete, donde los pasos iluminados se reflejan en el agua. Ese momento vale el viaje.

Lo que distingue a estas hermandades no es su tamaño sino su naturaleza: son cofradías de barrio, de familias que llevan generaciones portando los mismos pasos. El costalero que se agacha bajo el peso del trono es vecino del que vende pescado en el mercado. El capataz conoce a cada hombre por su nombre. Esa cercanía define todo lo que vas a vivir aquí.

Día a día: qué esperar cada jornada

Domingo de Ramos — 29 de marzo

La semana arranca con la procesión de la Borriquita, la más familiar de todas. Niños con ramos de olivo, palmas trenzadas, familias enteras estrenando ropa de primavera. El tono es luminoso, casi festivo. La salida es desde la Iglesia Mayor Prioral, habitualmente a media tarde. Es el día ideal para quienes vienen con niños o visitan la Semana Santa portuense por primera vez.

Lunes, Martes y Miércoles Santo — 30, 31 de marzo y 1 de abril

Los días de transición. Las procesiones vespertinas comienzan entre las 16:30 y las 18:00 y recorren el centro a un ritmo más pausado que el domingo. La devoción va ganando intensidad jornada a jornada. Calle Larga se va llenando un poco más cada tarde. Los bares del centro empiezan a servir potaje de vigilia y las pastelerías sacan las torrijas.

Es el momento perfecto para el visitante que busca vivir las procesiones sin la presión del gentío. El ambiente es recogido pero no agobiante.

Jueves Santo — 2 de abril

La noche grande. Las procesiones de penitencia más solemnes salen con la caída del sol y se extienden hasta bien entrada la madrugada. Aquí empieza lo que los portuenses llaman simplemente “la madrugá”: ese tramo nocturno en que la ciudad entera contiene la respiración.

Las bandas de música acompañan los pasos hasta que, pasada la medianoche, se impone un silencio que solo rompen las saetas — cantes flamencos que brotan desde un balcón o desde la propia calle, sin programa ni aviso. Si la Semana Santa portuense tiene un momento que se queda grabado para siempre, es este.

Consejo práctico: La madrugá del Jueves al Viernes no es un rato. Es una vigilia. Quien venga a vivirla debe planificar entre ocho y diez horas en la calle. Lleva termo con café, algo de abrigo — la brisa de la bahía enfría a partir de las dos de la mañana — y, sobre todo, disposición al silencio.

Viernes Santo — 3 de abril

El día de mayor recogimiento. La procesión del Santo Entierro recorre el casco antiguo con una solemnidad que se siente en el aire. Los balcones se iluminan con velas. El paso del Cristo yacente cruza las calles empedradas entre el silencio de una ciudad que, por unas horas, se detiene por completo.

Es la jornada más emotiva para los portuenses y la más sobrecogedora para quien la presencia por primera vez. Si el Jueves Santo es la noche de la intensidad, el Viernes es el día del peso — el peso literal de los pasos y el peso figurado de una tradición que aquí se vive como cosa propia.

Sábado Santo — 4 de abril

El día de pausa. No hay procesiones. La ciudad recupera el aliento después de la intensidad del jueves y el viernes. Los bares vuelven a llenarse con normalidad y el ambiente cambia: hay agotamiento, pero también la expectativa de lo que viene el domingo.

Para el visitante, es un buen día para pasear por el centro sin prisas, visitar alguna bodega o acercarse a la Ribera del Marisco.

Domingo de Resurrección — 5 de abril

Las campanas vuelven a sonar. Sale la cofradía de gloria con sus pasos vestidos de luz, flores y aleluyas. El tono es radicalmente distinto al del viernes: hay alivio, celebración, y un aire de fiesta que invita a quedarse en las terrazas del centro con una copa de fino.

Dónde situarse

No todos los puntos de la ruta procesional ofrecen la misma experiencia.

Iglesia Mayor Prioral. Ver salir un paso por la puerta de la Prioral, con los costaleros inclinándose para encajar el trono en el arco de piedra, es uno de los momentos más emocionantes. Posiciónate frente a la fachada al menos treinta minutos antes de la salida.

Calle Larga. El clásico. Aquí se acumula la mayor parte del público y el ambiente es más animado. Llega temprano — una hora antes en Jueves Santo — o acepta que verás cabezas en lugar de pasos.

Plaza de España. Donde los pasos giran. Es un punto técnico y emocional: el capataz dirige la maniobra a voces, los costaleros ajustan el rumbo, y el público aguanta la respiración. Buenas vistas desde los laterales de la plaza.

Puente sobre el Guadalete. El mirador nocturno. Los pasos iluminados cruzando con el río negro detrás son la estampa que todos los fotógrafos buscan. Funciona especialmente bien a partir del Jueves Santo.

Plaza de las Galeras. Menos conocida, más tranquila, con buenas líneas de visión. Para quien prefiere vivir la procesión sin pelear por un hueco.

Guía práctica para el visitante

Fechas 2026. Domingo de Ramos: 29 de marzo. Domingo de Resurrección: 5 de abril.

Horarios. El Consejo Local de Hermandades y Cofradías publica el itinerario oficial con horarios detallados entre dos y cuatro semanas antes de Semana Santa. Consulta sus canales a partir de principios de marzo.

Acceso. Todas las procesiones son gratuitas y se ven desde la calle. No hay tribunas ni entradas de pago.

Alojamiento. Los hoteles del centro histórico se reservan con meses de antelación. Si llegas tarde, busca en Valdelagrana o Puerto Real — ambos a menos de quince minutos en coche.

Transporte. Olvídate del coche dentro del casco histórico durante las procesiones: las calles se cortan al tráfico. Aparca en las zonas habilitadas fuera del centro y camina. El Puerto se recorre a pie en veinte minutos de punta a punta.

Desde Cádiz, Jerez o Sevilla. El Puerto está a veinte minutos de Jerez, treinta de Cádiz y hora y cuarto de Sevilla. Si estás alojado en cualquiera de esas ciudades, venir a pasar la tarde — o la madrugá — del Jueves Santo es perfectamente viable.

Qué comer. Torrijas en las pastelerías del centro. Potaje de vigilia y espinacas con garbanzos en los bares tradicionales. Pestiños como merienda entre procesiones. Y si la noche se alarga, churros con chocolate en la madrugada.

Qué llevar. Calzado cómodo para caminar sobre empedrado. Capas de abrigo si piensas quedarte de noche. Un termo para la madrugá. Y silencio — aquí no se aplaude, se respira.

La Semana Santa que no compite

El Puerto no intenta ser Sevilla. No quiere serlo. Su Semana Santa no aspira al espectáculo masivo sino a la comunión íntima entre el paso, la calle y la gente que lleva siglos habitando ambos. Once hermandades, un puñado de calles con historia, y el río de fondo.

Eso, para quien lo busque, es más que suficiente.


Pablo Ruiz

Pablo Ruiz

Periodista de Eventos

Pablo no se pierde una Feria, un Carnaval ni un concierto en El Puerto. Periodista joven con el pulso de la calle, sabe dónde está la fiesta antes de que empiece y conoce todos los chiringuitos donde termina.