Javier Villar y el Pregón de las Glorias: El Puerto como ciudad mariana
Hay pregones que se escuchan y pregones que se sienten. El de Javier Villar, pronunciado para abrir las Glorias portuenses, perteneció sin duda a los segundos. Quienes llenamos el aforo aquella tarde salimos con la sensación de haber asistido a algo más que a un acto protocolario: salimos con el corazón hinchado y con la certeza, repetida como un estribillo, de que El Puerto de Santa María es, ha sido y seguirá siendo una ciudad profundamente mariana.
Y lo es, vaya si lo es. Quien haya caminado por la calle Larga un atardecer de mayo, con los azahares todavía perfumando los patios y las campanas de la Prioral repicando a vísperas, sabe de qué hablo. Esa devoción no se enseña en los libros. Se mama en las casas, se respira en las hermandades y se canta en las saetas que rompen el aire de Semana Santa.
Un pregonero que conoce el alma del Puerto
Javier Villar no llegó al atril como un extraño. Llegó como uno de los nuestros, con la palabra medida y el sentimiento desbordado, que es como aquí entendemos que deben pronunciarse estas cosas. Su pregón fue un recorrido por las advocaciones marianas que pueblan la ciudad, una a una, sin prisa, dándole a cada Virgen el tiempo y el respeto que merece.
Habló de la Virgen de los Milagros, patrona de El Puerto, esa Madre coronada que preside la Prioral y a la que tantos portuenses encomiendan sus partos, sus exámenes, sus enfermedades. Habló también del rosario de devociones que florecen entre los muros de las hermandades: la Soledad, las Angustias, el Mayor Dolor, la Virgen del Carmen que sale a la mar cada 16 de julio sobre los hombros de los marineros del barrio de la Pescadería.
Las Glorias, esa estación olvidada del calendario cofrade
Las Glorias son el tiempo más luminoso de la liturgia popular andaluza, y aun así sufren a menudo de ese cariño bajito que las deja a la sombra de la Semana Santa. Villar reivindicó ese tiempo con elegancia. Recordó que los meses de mayo, junio y septiembre son cuando las Vírgenes Gloriosas salen a la calle vestidas de blanco y celeste, sin manto de luto, con coronas de imperio y rostros de Madre triunfante.
Aquí en El Puerto, esas salidas tienen un sabor especial. La luz del Guadalete reflejándose en los varales, el calor que aprieta pero no agobia, las palmas del público que acompañan a la Virgen por el casco antiguo. No hace falta inventar nada. Todo está ya escrito en la memoria colectiva de un pueblo que sabe rezar bailando.
Una ciudad que se reconoce en su Madre
Lo más hermoso del pregón de Villar fue, quizá, su capacidad para tejer historia y emoción sin caer en la nostalgia barata. No se quedó en la postal. Habló del Puerto de hoy, de esa juventud que vuelve a las hermandades, de los costaleros que se preparan en la cuadrilla durante meses, de las camareras que visten a las imágenes con el mimo de quien arregla a una hija para una boda.
Ciudad mariana, dijo, y lo dijo bien. Porque aquí la Virgen no es un símbolo distante. Es la vecina del piso de arriba, la que escucha cuando todos duermen, la que acompaña al cementerio de San José y al hospital. Esa cercanía, esa familiaridad, es la que define el carácter mariano de El Puerto.
Información práctica
- Lugar habitual del Pregón: Iglesia Mayor Prioral, Plaza de España, El Puerto de Santa María.
- Calendario de Glorias: principalmente entre mayo y septiembre, con salidas procesionales en distintas fechas según hermandad.
- Cómo llegar: el casco antiguo es peatonal en su mayoría; aparcamientos públicos en Pozos Dulces y Pozuelo.
- Recomendación: consulta el cartel anual del Consejo Local de Hermandades para conocer las fechas exactas de cada salida.


