Flamenco en El Puerto: Aroa Cala, Miguel Ramos y Ali de la Tota en la Peña Al Alma
Tres artistas, una peña y cuatro euros. Eso es lo que costaba entrar, la noche del 6 de febrero, a escuchar flamenco de verdad en El Puerto de Santa María. Sin escenario elevado, sin micrófono de diadema, sin nadie vendiendo experiencias gastro-culturales en la puerta. Solo una cantaora, un guitarrista, un palmero y un bodegón de la Plaza de Toros convertido en templo del cante.
La Peña Flamenca Al Alma organizó una de esas noches que no aparecen en las guías turísticas pero que sostienen el flamenco portuense desde hace décadas: Aroa Cala al cante, Miguel Ramos a la guitarra y Ali de la Tota a las palmas. Tres nombres que cualquier aficionado de la Bahía conoce y que juntos forman ese trío esencial del flamenco — voz, cuerda y compás — en su formato más desnudo.
Aroa Cala: la voz que para los pasos
Aroa Cala nació en El Puerto en 1979, hija de El Cala y hermana de la cantaora Nazaret Cala. Empezó a cantar con apenas doce años en la Peña Flamenca El Chumi, la misma donde muchos portuenses han escuchado flamenco por primera vez. Estudió dos años en la Fundación Cristina Heeren de Sevilla, aprendiendo de los maestros que allí pasaron, y desde entonces no ha dejado de subirse a un escenario.
Pero si hay algo que define a Aroa es la saeta. Ha ganado todos los concursos de saetas de Andalucía en los que ha participado, algo que ninguna otra cantaora puede decir. Publicó Mi Saeta en 2009, un disco entero dedicado al cante que se le canta a un Cristo en la calle, con ese desgarro que solo tiene la voz cuando no busca aplausos sino algo más arriba. En 2021 estrenó Las Pasiones de Cristo, un espectáculo que mezcla flamenco y liturgia con una intensidad que solo alguien que ha cantado en las madrugadas portuenses puede entender.
Sus referentes no dejan lugar a dudas sobre de dónde viene su cante: Antonio Mairena, Manuel Torre, Tomás Pavón, La Paquera de Jerez. Voces que priorizaban la hondura sobre la técnica y que buscaban en cada tercio algo que no se puede enseñar. Aroa, que también dirige la Escuela de Saetas gratuita de El Puerto, pertenece a esa misma escuela del cante que no se adorna: el que se siente o no se siente.
La guitarra y las palmas
Miguel Ramos pone la guitarra. En el flamenco de peña, el guitarrista no es acompañante: es interlocutor. Escucha al cantaor, responde, deja espacio, empuja cuando hace falta y se retira a tiempo. Es un oficio que exige tanto oído como técnica, y que en un recinto pequeño como un bodegón no admite errores ni disimulos.
Ali de la Tota cierra el cuadro con las palmas. Los que no conocen el flamenco piensan que dar palmas es aplaudir con ritmo. No lo es. Las palmas son el metrónomo vivo del cante, el esqueleto rítmico sobre el que todo se sostiene. Ali de la Tota es un palmero habitual de la escena portuense — se le ha visto en zambombas navideñas, en festivales benéficos y en las noches de peña donde el compás lo es todo. Que un palmero aparezca en el cartel de un recital, con nombre propio, dice algo sobre cómo entienden el flamenco en El Puerto: aquí nadie es secundario.
La Peña Al Alma: flamenco en los bodegones de la Plaza de Toros
La Peña Flamenca Al Alma tiene su sede en los bodegones 16 y 17 de la Plaza de Toros de El Puerto. Para quien no conozca la plaza, los bodegones son esas estancias que rodean el ruedo por fuera — espacios que a lo largo de los años han servido de almacenes, tabernas y, en los mejores casos, peñas flamencas. Lugares con la acústica justa para que una voz llene el espacio sin amplificación y con la intimidad suficiente para que cantaor y público se miren a los ojos.
Al Alma organiza recitales, zambombas en Navidad y exaltaciones a la saeta antes de Semana Santa. Quizá no sea la más conocida de las peñas portuenses — nombres como la Tertulia Flamenca Tomás el Nitri o la Peña El Chumi llevan más tiempo en la boca de los aficionados — pero forma parte de ese tejido de peñas que mantiene vivo el flamenco fuera de los teatros y los festivales con nombre en inglés.
Lo que cuatro euros compran
Cuatro euros. El precio de una caña en el centro. Eso se pagó por ver a una de las mejores saetaeras de Andalucía cantar a unos metros de distancia. En un momento en que el flamenco de exportación cobra entre 30 y 80 euros la entrada, las peñas portuenses siguen ofreciendo algo que el mercado no sabe valorar: la cercanía.
No hay palcos, no hay mesa VIP, no hay cena maridaje incluida. Hay sillas, hay paredes encaladas, hay una puerta que se cierra cuando empieza el cante y un público que sabe cuándo jalear y cuándo callarse. Eso, en el flamenco, vale más que cualquier producción.
Para no perderse la próxima
La Peña Flamenca Al Alma no publica su programación con meses de antelación. Así funcionan las peñas: el cartel se anuncia semanas o días antes, se corre la voz por los canales de siempre y el que llega, llega.
- Dónde: Bodegones 16 y 17, Plaza de Toros de El Puerto de Santa María
- Precio habitual: Entre 4 y 6 euros
- Contacto: 676 522 670 / 603 672 667
- Seguimiento: Página de Facebook de Peña Flamenca Al Alma y la agenda de eventos del Ayuntamiento (elpuertodesantamaria.es)
El consejo es sencillo: si ves que la Peña Al Alma anuncia noche de flamenco, no lo pienses. Los bodegones de la Plaza de Toros no tienen aforo para dudas.
Álvaro Pacheco
Cronista CulturalLicenciado en Historia del Arte y melómano empedernido, Álvaro escribe sobre todo lo que se mueve en la escena cultural portuense. Exposiciones, teatro, conciertos, literatura... si tiene que ver con cultura en El Puerto, Álvaro lo ha visto primero.