Desayunos en El Puerto: dónde tomar el mejor café con churros y tostadas
En El Puerto no se desayuna: se hace barra. Te plantas en el mostrador, pides tu café con las palabras exactas y atacas una tostada con aceite que chorrea hasta el codo. Si no manejas el vocabulario, vas a acabar con un café que no querías y una cara de turista que se ve a tres calles.
Pedir café sin hacer el ridículo
Olvídate del “café con leche, por favor”. Aquí el café se pide con precisión quirúrgica, y cada palabra significa una proporción exacta de café y leche. No es capricho: es un sistema que funciona.
- Solo: Café puro. Negro, corto, sin concesiones. El de las 7 de la mañana cuando no has dormido.
- Cortado: Un solo con un chorrito de leche. Solo para quitarle el punto amargo.
- Mitad: Mitad café, mitad leche. El equilibrio perfecto. El más pedido en toda la bahía.
- Sombra: Más leche que café. El café está ahí, pero en segundo plano, como una sombra.
- Manchado: Un vaso de leche con una mancha de café. Básicamente leche caliente que ha visto un grano de café de lejos.
- Nube: Aún menos café que el manchado. Para qué te molestas, pisha. Este término viene del sistema malagueño y no todos los bares de la bahía lo reconocen, pero si lo pides, se entiende.
Si lo quieres en vaso, dilo. Si lo quieres templado, pídelo “natural”. Si lo quieres con hielo, “con hielo”. No des nada por sentado. La barra es territorio de precisión.
Churros y porras: dónde y cómo
El churro portuense es fino, estriado, crujiente. La porra es más gorda, más esponjosa por dentro, más contundente. Los dos se mojan en chocolate, pero la experiencia es distinta.
El truco para saber si el chocolate está bien hecho: si el churro se queda de pie, el chocolate tiene el punto justo. Demasiado líquido y el churro se hunde. Demasiado espeso y no mojas nada. El punto perfecto es cuando el churro aguanta vertical unos segundos antes de caer. Eso es chocolate con oficio.
El sitio que tienes que conocer es el Puesto de Churros de Charo, en el Mercado de la Concepción. Charo Salguero lleva toda la vida aquí — empezó a los 13 años y hoy, con 80, sigue despachando en el mismo puesto que abrió en 1982. Es cuarta generación de churreros. Su hijo hace la masa y ella atiende — hasta CanalSur le ha dedicado un reportaje —, y si pillas un buen día, la escucharás cantando coplas mientras envuelve tu medio kilo. Abre a las 8 y cierra al mediodía. Los domingos se forman colas — la cola es buena señal.
Para sentarte con tus churros y un chocolate caliente, Café Bar La Ponderosa es el otro nombre que tienes que apuntar. Abre a las 7 de la mañana (cierra los jueves) y es donde van los portuenses que quieren desayuno de churros con mesa, taza y calma.
Los mejores churros se hacen a primera hora. Si llegas después de las 11, el aceite ya ha dado de sí. Madruga o resígnate.
La tostada: lo que de verdad desayuna El Puerto
Los churros tienen la fama, pero la tostada es el desayuno diario de los portuenses. Pan de pueblo tostado en la plancha hasta que la corteza cruje y la miga se dora sin secarse. Si el pan llega de molde, date la vuelta y vete.
- Con aceite y tomate: La clásica. Aceite de oliva virgen extra, tomate rallado, sal. Si el aceite es bueno, no necesitas nada más.
- Con manteca colorá: Manteca de cerdo ibérico con pimentón. Suena fuerte, pero untada en pan caliente un martes cualquiera te cambia la mañana.
- Con zurrapa: Parecida a la manteca colorá pero con trozos de carne deshilachada. Más rústica, más potente. Desayuno de currante de toda la vida.
Para la tostada perfecta, ve a Vicente Los Pepes (calle de Abastos, 4), justo al lado del mercado. Lleva abierto desde 1926 — se llamaba Las Mellizas entonces — y hoy lo regenta Vicente Sordo, nieto del fundador. Mesas de mármol, carteles antiguos en las paredes, y un mollete con pringá y chicharrones que, según contó Ángel León en una entrevista, es lo que pide cuando desayuna en El Puerto. Cuando un chef con tres estrellas Michelin elige tu barra a las 8 de la mañana, algo sabrán hacer.
Compras los churros de Charo, cruzas hasta Vicente Los Pepes, pides tu café y tu tostada, y los churros los mojas allí. Esa es la combinación perfecta, y la que hacen los portuenses que conocen el mercado.
Cómo buscarte la vida en el resto de la ciudad
Fuera de la zona del mercado, El Puerto tiene decenas de bares de desayunos. Para distinguir los buenos de los regulares:
Buena señal: Gente en la barra a las 8 de la mañana — no turistas, sino gente con mono de trabajo y jubilados con el periódico. Aceitera de cristal en la barra con aceite de verdad, no sobrecitos. El camarero pregunta “¿solo, cortado, mitad?” sin explicarte las opciones.
Mala señal: Carta plastificada con fotos. Croissants industriales como protagonistas. “Desayuno continental” o “brunch” en la pizarra. Pisha, esto es El Puerto, no Brooklyn.
Las mejores zonas para buscar: el centro histórico (calles alrededor de la iglesia Mayor Prioral), la plaza de la Herrería cerca del mercado, y los barrios de siempre. Aléjate del paseo marítimo a primera hora — ahí los bares abren más tarde y tiran más de turista.
Información práctica
- Horario: Los bares de desayunos abren entre las 7:00 y las 8:00. El movimiento fuerte es hasta las 10:30. Después de las 11, territorio de aperitivo.
- Precio: Café con tostada, entre 2,50 y 4 euros. Churros con chocolate, entre 3 y 5 euros por ración.
- Barra vs. mesa: En la barra siempre es más barato, más rápido y más auténtico.
- Pago: En bares del centro, tarjeta sin problema. En churrerías y bares de barrio, mejor lleva efectivo.
- Domingos: Más movimiento en las churrerías. Es tradición familiar: los niños piden chocolate, los padres café, y el abuelo paga.
Cuando pidas tu café, fíjate en cómo lo pide el de al lado. La barra de un bar de desayunos en El Puerto es una clase gratuita de cultura local. Escucharás combinaciones que no están en ninguna guía: “ponme un mitad en vaso, templado” o “un cortado largo, natural”. Cada portuense tiene su fórmula exacta, perfeccionada durante años.
Pepe Gallardo
Cronista GastronómicoNacido y criado en El Puerto, Pepe lleva toda la vida entre fogones y bodegas. Conoce cada rincón donde se fríe el mejor pescaíto y cada solera que merece la pena visitar. Sus recomendaciones vienen de años de tertulias, tapeos y amistades con cocineros de la zona.