Castillo de San Marcos: historia de una fortaleza entre dos mundos
En la Plaza Alfonso X El Sabio de El Puerto de Santa María se levanta un edificio que no pertenece a una sola civilización. El Castillo de San Marcos nació como mezquita, se transformó en fortaleza cristiana y hoy funciona como bodega activa y monumento visitable. Esa secuencia no es un accidente. Es la historia de lo que ocurre cuando un rey decide conservar en lugar de destruir, y de cómo esa decisión sigue siendo legible en piedra más de siete siglos después.
El primer mundo: Al-Qanatir
En el siglo X, cuando El Puerto de Santa María se llamaba Al-Qanatir, la comunidad musulmana levantó aquí una mezquita aljama. Tres naves, cuatro tramos, un patio con minarete y, en el muro de la quibla, un mihrab orientado al sureste, hacia La Meca. Todo el edificio se organizaba en torno a ese eje sagrado.
Durante los siglos XI y XII, bajo dominio almohade, la mezquita creció y se consolidó. Los muros ganaron el estilo característico de la arquitectura almohade: líneas horizontales limpias, bordes ligeramente elevados. Al-Qanatir no era una gran capital, pero su mezquita era el centro de una comunidad estable que llevaba generaciones rezando en este mismo lugar.
1264: la frontera entre dos mundos
Alfonso X conquistó la zona en 1264 y se encontró con un dilema que pocos reyes medievales resolvieron de la misma manera. La práctica habitual tras una conquista era demoler la mezquita o transformarla hasta hacerla irreconocible. Alfonso X hizo otra cosa.
Ordenó construir una iglesia-fortaleza sobre la estructura existente, pero conservó el mihrab y el muro de la quibla intactos. Los arcos islámicos, las trazas geométricas de la sala de oración, el eje que apunta hacia La Meca: todo quedó integrado bajo las nuevas bóvedas de crucería gótica. No fue descuido ni urgencia constructiva. Alfonso X documentó lo que estaba haciendo en El Puerto en sus Cantigas de Santa María, esa colección de más de cuatrocientos poemas musicados que constituye una de las cumbres de la literatura medieval ibérica. Sabía lo que conservaba y quiso dejar constancia.
El resultado fue un edificio sin equivalente fácil en la Península: una fortaleza cristiana que lleva dentro una mezquita islámica sin borrar.
El segundo mundo: la fortaleza cristiana
Sobre los cimientos de la aljama, aprovechando restos de estructuras romanas del antiguo Portus Gaditanus, Alfonso X levantó un conjunto militar de unos cuatro mil metros cuadrados. Cuatro torres: dos hexagonales y dos cuadrangulares. Una Torre del Homenaje de planta octogonal coronando el conjunto. Las torres hexagonales no eran capricho estético: respondían a una lógica defensiva que distribuye la presión de los impactos de forma distinta a las torres convencionales.
En 1272, Alfonso X fundó la Orden de Santa María de España, una orden militar-religiosa organizada específicamente para el combate naval. El Castillo de San Marcos fue una de sus cuatro sedes, junto con Cartagena, La Coruña y San Sebastián. La posición del castillo no era casual: controlaba el paso entre el Atlántico y el Mediterráneo. La orden, sin embargo, no sobrevivió a la derrota de su flota en la batalla de Algeciras de 1278. Los supervivientes fueron absorbidos por la Orden de Santiago en 1280.
Siglos de custodia noble
Sancho IV donó el castillo y la villa a Alonso Pérez de Guzmán el Bueno. En 1306, su hija Leonor lo llevó como dote a su matrimonio con Luis de España, vinculando la fortaleza a la Casa de Medinaceli. Esa familia controlaría el castillo durante siglos.
Entre 1479 y 1501, el duque Luis de la Cerda emprendió reformas importantes: reforzó las murallas exteriores y renovó la sacristía. Eran los años en que El Puerto de Santa María se convertía en uno de los puertos más activos de la Península, base de navegantes y armadores que miraban al Atlántico. El castillo, dominando la plaza principal, fue testigo silencioso de esa transformación.
En 1934, el Ayuntamiento tomó posesión del edificio. Tras la Guerra Civil volvió a manos de la Casa de Medinaceli, que inició trabajos de restauración a mediados del siglo XX. Hoy, la familia Luis Caballero es la propietaria. El castillo funciona como Bien de Interés Cultural, bodega activa y espacio de visitas guiadas con cata de vino incluida.
Lo que permanece
Lo que hace singular al Castillo de San Marcos no es su antigüedad. Es que las dos civilizaciones que lo construyeron siguen siendo visibles dentro del mismo edificio. El mihrab del siglo X sigue apuntando hacia La Meca bajo las bóvedas góticas del siglo XIII. Los arcos almohades conviven con los contrafuertes cristianos. Un visitante atento puede leer la historia de Al-Andalus y la de Castilla en los mismos muros, separadas por décadas de construcción pero unidas por la decisión de un rey que entendió que heredar no obliga a borrar.
Esa decisión, grabada en piedra y cantada en verso, sigue esperando a quien quiera entrar a verla.
Información práctica
Castillo de San Marcos, Plaza Alfonso X El Sabio, El Puerto de Santa María (Cádiz).
- Horario: De martes a sábado (horarios y días varían según temporada). Consulta disponibilidad actualizada en castillodesanmarcos.com.
- Visita guiada con cata de vino: 20 € adultos, 5 € niños (5-18 años), gratis menores de 5.
- Visita libre: 10 € adultos, 5 € niños.
- Duración: Aproximadamente 1,5-2 horas con la cata.
- Contacto: (+34) 956 851 751 / (+34) 627 569 335 / castillodesanmarcos@caballero.es
- Accesibilidad: Limitada por la estructura medieval. La bodega y algunos patios son accesibles. Aseos adaptados disponibles.
- Nota: En enero de 2026 se anunciaron obras de rehabilitación que podrían afectar al acceso. Se recomienda confirmar disponibilidad antes de visitar.


