Caballeros templarios y el Castillo de San Marcos: la verdad es más rara que la leyenda
Cada cierto tiempo alguien se acerca al Castillo de San Marcos y pregunta por los templarios. Es normal. El castillo tiene más de setecientos años, muros de dos metros de grosor, torres hexagonales que no se parecen a nada que hayas visto en otro sitio y un interior que huele a piedra vieja y a siglos de historias apiladas. Cuando te plantas delante de un edificio así, la mente hace lo que hace siempre: busca al personaje más cinematográfico que le quepa dentro. Y los Caballeros Templarios — monjes guerreros, banqueros de reyes, guardianes de reliquias sagradas — son difíciles de superar en ese departamento.
Pero la historia real del Castillo de San Marcos no necesita templarios prestados. Tiene su propia orden de caballeros. Y es, si cabe, más extraña que cualquier leyenda.
Los templarios en la Península: lo que sabemos
Antes de hablar de El Puerto, conviene aclarar qué hacían los templarios por aquí. La Orden del Temple tuvo presencia documentada en la Península Ibérica durante casi dos siglos, participando activamente en la Reconquista. Controlaron fortalezas, gestionaron encomiendas y acumularon un poder que incomodaba a más de un rey.
Pero su implantación fue desigual. En la Corona de Aragón, en Navarra y en Portugal, los templarios tuvieron una presencia fuerte y bien documentada — castillos como Ponferrada, Monzón o Miravet son testimonios de piedra. En Andalucía, la cosa cambia. La orden se asienta en la región entre 1253 y 1258, cuando el dominio musulmán se debilita, pero su huella es más difusa. En la provincia de Cádiz, las referencias son escasas y a menudo se mueven en el terreno de la tradición oral, no del archivo.
¿Estuvieron los templarios en El Puerto de Santa María? No hay documentación que lo confirme de forma concluyente. Lo que sí hay — y esto es lo que importa — es algo que la mayoría de la gente desconoce por completo.
Lo que el castillo guarda de verdad: una mezquita
El Castillo de San Marcos no empezó siendo castillo. Ni siquiera empezó siendo cristiano.
Su núcleo más antiguo es una mezquita rural del siglo X, la aljama de Al-Qanatir, el nombre árabe del asentamiento que existía donde hoy se levanta El Puerto. Era un edificio orientado al sureste, con tres naves divididas en cuatro tramos, un patio — el sahn — y un minarete. En el muro de la quibla, orientado hacia La Meca, se abría el mihrab, la cámara sagrada donde el imán dirigía la oración.
Y aquí viene lo que poca gente sabe: ese mihrab todavía existe. Está ahí dentro. Los arcos, las pinturas geométricas, el eje del mihrab — todo conserva la impronta almohade bajo las capas de siete siglos de transformaciones cristianas. Cuando entras al castillo, pisas suelo que fue lugar de oración islámica quinientos años antes de que Colón pasara por El Puerto.
Alfonso X y los caballeros que nadie recuerda
En 1264, Alfonso X el Sabio conquista la zona y hace lo que los reyes medievales hacían con las mezquitas: la transforma. Refuerza los cimientos aprovechando restos de un edificio romano cercano — el Portus Gaditanus, la parada de la Vía Augusta camino de Gades — y construye sobre la mezquita una iglesia fortificada. Le añade cubiertas abovedadas y cuatro torres: dos hexagonales y dos cuadrangulares. La planta baja de las torres hexagonales se convierte en la capilla principal, dedicada a la Virgen de los Milagros.
Pero Alfonso X no se conforma con tener una iglesia-fortaleza. En 1270, funda algo que no existía en ningún lugar de Europa: una orden militar naval. La Orden de Santa María de España. También llamada la Orden de la Estrella.
Piénsalo un momento. Todas las órdenes militares medievales — templarios, hospitalarios, calatravos, santiaguistas — operaban en tierra. Caballos, castillos, caminos. Alfonso X crea la primera orden de caballeros diseñada para combatir en el mar. Sus miembros vestían túnica negra y capa roja con una estrella dorada que llevaba bordadas las armas de la Corona. Se organizaban según la regla del Císter, como los templarios, pero su misión era defender las costas.
Y el Castillo de San Marcos fue una de sus cuatro sedes. Las otras estaban en Cartagena — la sede central, para el Mediterráneo —, La Coruña y San Sebastián. Cuatro conventos estratégicamente elegidos para cubrir todo el litoral peninsular. El Puerto controlaba el Estrecho. Era, literalmente, la puerta entre el Atlántico y el Mediterráneo.
El desastre que borró una orden de la historia
La Orden de Santa María de España duró apenas diez años. En 1278, su flota fue aniquilada en la batalla de Algeciras contra los benimerines. Fue una catástrofe militar que acabó con la capacidad naval de la orden de un golpe. Sin barcos, una orden naval no tiene razón de ser. En 1280, los supervivientes fueron absorbidos por la Orden de Santiago, y la Orden de la Estrella desapareció de la historia.
Desapareció de la historia, pero no del castillo. Las piedras que Alfonso X levantó siguen ahí. La capilla donde los caballeros de la Estrella rezaban antes de embarcar sigue siendo visitable. Las torres hexagonales — esa geometría tan particular que no encuentras en ningún otro castillo andaluz — siguen vigilando la Plaza del Castillo como llevan haciendo desde el siglo XIII.
Después vendría Sancho IV, que donó el castillo y la villa al almirante genovés Benedetto Zaccaria. Después, Alonso Pérez de Guzmán el Bueno. Después, su hija Leonor, que en 1306 lo llevaría como dote a su matrimonio con Luis de España, dando origen a la Casa de Medinaceli, que marcaría El Puerto durante siglos. Pero la semilla militar del castillo, su razón de ser como fortaleza y no como simple iglesia, nació con aquellos caballeros navales que hoy casi nadie recuerda.
Lo que la leyenda templaria revela sobre nosotros
¿Por qué la gente busca templarios en el Castillo de San Marcos? Porque los templarios son la orden medieval por excelencia. Tienen películas, novelas, videojuegos, teorías conspirativas sobre el Santo Grial. La Orden de Santa María de España no tiene nada de eso. No tiene ni página de Wikipedia decente.
Pero la pregunta interesante no es si los templarios estuvieron aquí. La pregunta interesante es por qué necesitamos que estuvieran. El Puerto de Santa María tiene una historia militar medieval real, documentada, con una orden de caballeros única en Europa — la primera orden naval de la historia — y casi nadie la conoce. No porque sea aburrida, sino porque nunca tuvo un Dan Brown que le escribiera una novela.
La tradición local en la provincia de Cádiz menciona posibles conexiones templarias en varios puntos de la bahía. Son relatos transmitidos de generación en generación, como tantas historias de la zona. Puede que haya algo de verdad. Puede que no. Lo que sí es verdad — documentado, verificable, escrito en piedra — es que en el Castillo de San Marcos existió una orden de caballeros que defendía el Estrecho desde el mar.
Eso no necesita leyenda. Solo necesita que alguien lo cuente.
Visita práctica
Castillo de San Marcos, Plaza del Castillo, s/n, El Puerto de Santa María.
- Visitas guiadas: De martes a sábado. Consulta horarios actualizados en la web oficial (castillodesanmarcos.com), ya que varían según temporada y eventos.
- Entrada: Adultos 12 €, niños 5 € (menores de 5 años gratis). Duración aproximada: 45 minutos.
- Visita combinada (castillo + bodega): 20 € adultos. El castillo es propiedad de Bodegas Caballero, así que la visita incluye contexto bodeguero — no es un museo al uso.
- Venta de entradas: Exclusivamente online.
- Contacto: (+34) 627 569 335 / castillodesanmarcos@caballero.es
Qué buscar durante la visita: El mihrab de la antigua mezquita almohade. Las torres hexagonales y su geometría inusual. Las bóvedas esquifadas de influencia islámica. El muro de la quibla. Las marcas de las distintas fases constructivas — romana, islámica, alfonsina — que conviven en un mismo edificio.
Iglesia Mayor Prioral: A pocos minutos andando. Otra joya medieval del centro histórico que completa el panorama de la ciudad que Alfonso X soñó.
El dato curioso
Las Cantigas de Santa María de Alfonso X — esa colección de más de cuatrocientos poemas musicados que son una de las joyas de la literatura medieval — incluyen referencias específicas al Castillo de San Marcos y a los milagros de la Virgen de El Puerto. Alfonso X no solo construyó el castillo: lo cantó. Dejó constancia poética de lo que estaba haciendo en El Puerto de Santa María, algo que pocos reyes medievales se molestaron en hacer con sus fortalezas.
Así que la próxima vez que alguien pregunte por los templarios del Castillo de San Marcos, cuéntale la verdad. Que es más extraña, más original y más portuense que cualquier leyenda importada.
Don Rafael Mendoza
Historiador LocalCatedrático jubilado y autor de tres libros sobre la historia portuense, Don Rafael ha dedicado su vida a documentar el patrimonio de El Puerto. Desde los fenicios hasta las bodegas centenarias, no hay piedra de esta ciudad que no conozca su historia.