Cultura

Ángel Martínez: veinticinco años de legado artístico en El Puerto

19 de febrero de 2026
8 min de lectura
Ángel Martínez: veinticinco años de legado artístico en El Puerto

Ángel Martínez: veinticinco años de legado artístico en El Puerto

Hay talleres que huelen a pintura y talleres que huelen a barro. Los primeros se limpian con aguarrás; los segundos, con agua y con las manos. En El Puerto de Santa María, en un taller que lleva el nombre de un hombre que murió hace casi ochenta años, cuatro artesanos siguen trabajando con las manos húmedas, modelando figuras que nacieron como belenes navideños y que hoy visten escenarios de teatro, carrozas de carnaval y vitrinas de museo.

Se llaman Sucesores de Ángel Martínez. Y llevan veinticinco años demostrando que un legado no se hereda — se elige.

El maestro: Ángel Martínez García (1882–1946)

Para entender lo que ocurre hoy en el taller hay que retroceder más de un siglo. Ángel Martínez García nació en 1882 y dedicó su vida a un oficio que en aquella España tenía un nombre claro: belenista. Alguien que modela en barro las figuras de los nacimientos navideños — pastores, vírgenes, reyes magos, animales, paisajes enteros — con un nivel de detalle y expresividad que convierte la artesanía en arte sin necesidad de pedirle permiso a nadie.

En El Puerto, Martínez llegó a ser uno de los referentes del belenismo. Sus figuras de barro no eran reproducciones en serie; cada rostro tenía su gesto, cada mano su posición, cada pliegue de tela su lógica interna. Un busto-autorretrato fechado en 1929, que sobrevive hasta hoy, muestra a un hombre que se tomaba su oficio con la seriedad de quien sabe que trabaja con un material que no perdona: el barro se seca, se cuartea, se rompe. O se cuece y dura siglos.

Martínez murió en 1946. Y con él, algo se detuvo.

Los años de silencio

No existe un relato documentado — al menos no uno que hayamos podido verificar — de qué pasó con el taller y con la tradición belenista de El Puerto entre la muerte de Ángel Martínez y el cambio de siglo. Más de medio siglo. Lo que sabemos es que el belenismo, como tantas artes populares españolas, fue perdiendo peso frente a la producción industrial, las figuras de plástico importadas y la simple inercia de un oficio que no se enseñaba porque no quedaba nadie que lo enseñara.

Es una historia que se repite en cualquier ciudad con tradición artesanal: el maestro muere, los aprendices envejecen, el local cierra, el nombre se olvida. Lo excepcional no es que eso ocurra. Lo excepcional es que alguien decida interrumpir el olvido.

2000: el barro vuelve a las manos

En el año 2000, Vicente Rodríguez Giménez hizo exactamente eso. Fundó formalmente el colectivo Sucesores de Ángel Martínez con un propósito que suena modesto y no lo es: mantener viva la tradición del maestro, pero sin convertirla en una réplica congelada del pasado.

Rodríguez Giménez no se limitó a restaurar técnicas. Reorganizó el taller como un espacio de creación vivo, capaz de evolucionar. Lo que empezó como un proyecto dedicado al belenismo — fiel a las raíces de Ángel Martínez — fue ampliando su campo de acción hasta abarcar disciplinas que el maestro original probablemente no habría imaginado: diseño de carrozas para el Carnaval, escenografía teatral, instalaciones para museos, reproducción arquitectónica monumental.

Hoy, el equipo lo completan José Ramón Villar, Adrián Ferreras y José Ignacio Mateos Atalaya. Cuatro personas. Cuatro pares de manos que trabajan un oficio que tiene más de un siglo de historia y que cada año se reinventa.

Del belén a la carroza

La pregunta obvia es: ¿cómo pasa un taller de figuras de belén a montar escenografías y carrozas de carnaval?

La respuesta es menos obvia de lo que parece: el belenismo siempre fue, en el fondo, escenografía. Un belén no es una colección de figuras — es un escenario completo, con arquitectura, iluminación, perspectiva, narración espacial. El belenista trabaja a escala, compone escenas, maneja materiales diversos y resuelve problemas de ingeniería en miniatura. Las habilidades son las mismas que necesita un escenógrafo o un diseñador de carrozas. Solo cambia el tamaño.

Los Sucesores entendieron eso. Y actuaron en consecuencia. Sus Reyes Magos de Oriente a gran escala — una de las piezas que se exhibieron en la muestra de diciembre de 2025 — son la prueba de que el salto de la vitrina navideña al espacio público no es una traición a la tradición, sino su extensión natural.

Tradición con las manos, futuro con la máquina

Aquí es donde la historia se pone interesante para quien piense que artesanía y tecnología son mundos incompatibles.

El taller trabaja con barro, con escayola, con las mismas herramientas de modelado manual que usaba Ángel Martínez hace un siglo. Pero también trabaja con impresión 3D, mecanizado CNC y corte láser. No como sustitutos de la mano, sino como extensiones de ella.

La lógica es la misma que aplica un arquitecto que dibuja a mano y luego modela en software: la tecnología amplía lo que la mano puede hacer, pero no reemplaza el criterio, la proporción, el sentido escultórico que solo se aprende tocando el material. Un CNC puede cortar una pieza con precisión milimétrica, pero no puede decidir qué expresión debe tener un rostro. Eso sigue siendo trabajo de dedos y de ojo.

Que un taller con raíces en el siglo XIX haya integrado herramientas del XXI sin perder su identidad artesanal no es un detalle menor. Es un modelo. Y uno que funciona.

La exposición: veinticinco años en una sala

En diciembre de 2025, el Centro Cultural Alfonso X El Sabio — el principal espacio expositivo municipal de El Puerto, en Calle Larga — acogió la muestra La sucesión de Ángel Martínez. 25 años. Abierta del 9 de diciembre al 2 de enero de 2026, la exposición reunió piezas que abarcaban el arco completo del taller: desde el busto-autorretrato de 1929 del maestro original hasta Las Sonrisas de Melchor, una pieza de 2022, pasando por los Reyes Magos a gran escala, figuras de personajes, diseños de carrozas y trabajos escenográficos.

La inauguración contó con la presencia de Enrique Iglesias, delegado de Cultura, y David Calleja, delegado de Fiestas — un detalle que dice algo sobre dónde sitúa el Ayuntamiento a este taller: en la intersección entre cultura y fiesta, entre patrimonio y celebración.

La muestra ya cerró. Pero no era una despedida. Era un balance.

Por qué importa

En una época en la que la artesanía se exhibe en ferias con más nostalgia que futuro, los Sucesores de Ángel Martínez representan algo poco común: un taller tradicional que es económicamente viable, artísticamente relevante y técnicamente contemporáneo. No sobreviven de la inercia. Trabajan porque les contratan — para carnavales, para teatros, para museos, para proyectos que requieren lo que una impresora 3D sola no puede dar: criterio humano aplicado a un material milenario.

El taller ha participado en FITUR, la Feria Internacional de Turismo, lo que sitúa a El Puerto en un circuito de difusión que va más allá de lo local. No es la única ciudad española con tradición belenista, pero sí una de las pocas donde esa tradición ha generado un colectivo profesional capaz de competir en ámbitos que no tienen nada que ver con la Navidad.

Y quizá lo más importante: la transmisión funciona. Ángel Martínez no dejó herederos artesanos. No hubo una cadena familiar que mantuviera el oficio. Lo que hubo fue alguien — Vicente Rodríguez Giménez — que miró hacia atrás, reconoció algo que valía la pena preservar y decidió hacerlo. Y después, tres personas más que se sumaron. La herencia cultural no siempre viaja por la sangre. A veces viaja por la elección.


Información práctica

  • Taller: Sucesores de Ángel Martínez, El Puerto de Santa María
  • Equipo: Vicente Rodríguez Giménez (director), José Ramón Villar, Adrián Ferreras, José Ignacio Mateos Atalaya
  • Exposición reciente: La sucesión de Ángel Martínez. 25 años — Centro Cultural Alfonso X El Sabio, Calle Larga 89 (9 de diciembre de 2025 – 2 de enero de 2026; ya finalizada)
  • Actividad: El taller sigue en activo con encargos profesionales y participación en ferias y exposiciones
  • Para seguir su trabajo: Consultar la agenda cultural del Ayuntamiento de El Puerto de Santa María para próximas exposiciones y proyectos

Lo que queda

Un busto de barro de 1929 y una pieza de 2022 compartieron la misma sala durante tres semanas en diciembre. Entre una y otra median casi cien años, dos generaciones de artesanos y una revolución tecnológica completa. Pero si miras de cerca — si de verdad miras — el gesto es el mismo. La intención del material es la misma. La voluntad de que el barro diga algo que las palabras no saben decir.

Ángel Martínez murió en 1946. Su taller, no.


Álvaro Pacheco

Álvaro Pacheco

Cronista Cultural

Licenciado en Historia del Arte y melómano empedernido, Álvaro escribe sobre todo lo que se mueve en la escena cultural portuense. Exposiciones, teatro, conciertos, literatura... si tiene que ver con cultura en El Puerto, Álvaro lo ha visto primero.